USA – Las Vegas

 

Y como brillante colofón, el parque nacional de Las Vegas donde en vez de rocas abunda el cartón-piedra. Oda a lo hortera, soneto al exceso, elegía al juego, redondilla de lo estridente. Luces y neones, reclamos, tarjetas, flyers, compra, bebe, entra, juega, come, paga, haz, pantallas en movimiento, sonidos que no cesan, gente de arriba a abajo, tiendas todas las horas, repartidores de striptease, hombres-anuncio, estudiantes en bikini vendiéndose a la foto, espectáculos, conciertos, marihuana, alcohol, hamburguesas, camareros, taxistas, croupiers, trileros, mendigos tumbados en el suelo, tragaperras en el aeropuerto, alquien quiere venderte algo.

Las Vegas  (dos noches)

Llegamos al hotel y cambiamos la habitación previo suplemento de pago, no hemos descgargado los bultos y un cubano intenta colarnos una cena gratis en un reservado, atravesamos el lobby y camino a la habitación, mesas de juego, tiendas, restaurantes, un parque de atracciones, ceniceros, moqueta y tapizados, devolvemos la camper, pedimos un uber y con nosotros sentados, el conductor da la vuelta al coche ajeno al tráfico, nos pregunta si vamos armados, nos deja en un barrio raro, entramos en la lavandería, hacemos la colada, lavado y secado, bebemos agua esperando, afuera unos tipos discuten y luego se dan abrazos, salimos pitando, pedimos otro uber, lo compartimos, llegamos al hotel, menos mal ya no hay cubano, sigue el juego en las mesas, una ducha, un descanso, bajamos a comer algo, barato, salado, un disco vibra y luce, nuestro pedido ya está preparado, rellenamos la coca-cola y nos marchamos a ver el tinglado, entramos en Venecia, una gondolera le está cantando ópera a un bermudas engominado, el cielo azul está pintado, decimos hola a Neptuno, en otro hotel usamos el baño, nos perdemos la erupción de un volcán, nos perdemos los delfines blancos, grabamos el baile del agua, pillamos entradas para blue man a precio rebajado, se hace pronto de noche, hay que usar los puentes para cambiar de lado, despedidas de solteros las vamos esquivando, nos hacemos un selfie en Paris, Manhattan ya lo visitamos, llegamos a Egipto cansados, queremos comprar agua en una máquina pero la moneda se ha atascado, entramos sedientos al espectáculo, echamos unas risas, salimos algo decepcionados, volvemos en uber al hotel, cerramos los ojos despacio, se oyen risas y voces en el pasillo, cubitos de hielo en vasos, despertamos aletargados, hacemos tiempo, leemos un rato, con un cupón de descuento desayunamos filete, vino y helado, montamos en uber al teatro, le damos la tabarra al conductor, un poco mareados, se sube un californiano, sin tiempo para vacaciones vendiendo pisos con el móvil en la mano, aquí no hay mucho paro, llegamos pronto al show, le damos la brasa al encargado y a dos tipos que son de Indiana o de Ohio, disfrutamos los minutos del mentalista francés, un crack en el escenario, cómo narices habrá hecho eso y aplaudimos un buen rato, flipados, hacemos cola al terminar, todavía ensimismados, le saludamos, piensa un número del 1 al 100, me dice, me mira, lo escribe y lo ha acertado, los ojos como platos, volvemos andando al hotel, qué gusto ausencia por fin de ruido en el último tramo, se van dos dólares al cirsa, nos entran diez en la ruleta, sin perder no hemos ganado, y nos llevamos dos fichas auténticas guardadas de regalo, hoy prontito a la cama que el vuelo sale temprano, y si has leído hasta aquí espero que, un poco como nosotros, te hayas estresado.

Muy pesado.

 

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