USA – San Francisco

Entre las dos costas de los iueséi hay tres horas de diferencia en el huso horario, siete de vuelo y una en el control de seguridad del aeropuerto para descartar cualquier resto de explosivos en todas y cada una de las nueve cajas de pastillas necesarias para limpiar el protector bucal que uso por las noches para roncar menos y que transporto en el fondo de la mochila bajo, en orden ascendente, el dicho protector bucal, su repuesto, el pijama, el bañador, los pantalones del chándal, la gorra de los Red Sox, los cables, los adaptadores, los enchufes, el neceser, el portátil, las pantuflas y la maña para poder cerrar de nuevo la cremallera.

 

San Francisco (10 días)

Muy chulo San Francisco y muy chulo el airbnb, tanto que dicidimos quedarnos tres días más de los previstos inicialmente. Y también porque entre unos catarros y otros nos vino muy bien descansar un par de días viendo pelis y jugando con los perros de Blu, nuestra casera. El barrio, la Misión, tiene sabor centroamericano, agradables paseos, coloridos murales y buena combinación de autobuses, llegando a cualquier sitio en menos de una hora, excepto cuando aciertas la línea pero no el sentido y te ves perdido en el extrarradio con moderada incredulidad y tu acompañante con evidente rebote. Si queríamos visitar el museo que hay en el Golden Gate (parque) porque los lunes son gratis, casi que llegamos un pelín cuando ya estaba chapado, y ni siquiera el deslumbrante paseo por los fabulosos jardines que conforman este vergel en pleno corazón de la urbe contribuyó a mejorar el ánimo, quizá debido en parte a la poca visivilidad inherente a ser noche cerrada, con rasca y poco abrigo.

Caminar el Golden Gate (puente) de un lado al otro son 35 minutos, a prudencial distancia de la barandilla, hormigueo en el estómago y paso vivo, porque para alguien vanagloriado de no tener mucho vértigo, acojona. Según la guía de viajes es el puente más fotografiado del mundo, y yo no iba a ser menos, como se comprueba en el número de fotos cuasiidénticas más abajo. Vale, que sí, vistas espectaculares y tal. De corbata.

Una vuelta por lo que se considera el centro de la ciudad deja mendigos en la retina (tirados en el suelo, hablando solos o empujando carritos de supermercado llenos de cartones y pertenencias), aviones militares en el tímpano (de maniobras, de espéctaculo, o simplemente tocando los huevos), marihuana en las fosas nasales (legalizada en California, que al fumador de tabaco cada vez se le ve con peor ojo) y, una vez bajados del pintoresco cable car que tan turístico como abarrotado remonta las primeras cuestas, agujetas en los isquiotibiales de patear las siguientes (¿Toledo? aficionados). Visitado Japantown, tras la cima del Tourmalet, y alcanzado Chinatown tras coronar el Angliru, llegamos a las curvas infernales de Lombard St., obviamente el Alpe d’Huez, y desde aquí mi respeto a los autobuseros y a lo que sería perenne procesión de embragues quemados de no ser automáticas las cajas de cambios.

El ambiente de la ciudad mola, relajado, abierto, colorido, amable, mixto, artístico, progre. Para preparar la visita a El Castro, el Chueca de San Francisco, la noche anterior nos vimos la peli de Milk, sobre la primera persona abiertamente gay en conseguir un cargo político oficial en los Estados Unidos siendo asesinado poco después por su osadía, e insuflados de su espíritu activista, justo y combativo nos hicimos unos selfies en su plaza memorial, entramos de gratis en el museo LGBT y compramos un imán para la nevera en el local donde el bueno de Harvey Milk inició su revolución, ahora tienda de souvenirs. ¡A la burguesía, guillotina, camaradas!

Por cierto, muy recomendable la visita a la isla de Alcatraz y a las instalaciones del famoso presidio. Con una audioguía que está muy bien lograda, antiguos carceleros y presos te meten en las celdas, narándote motines en el comedero e intentos de fuga, pero lo que no te explican es cómo es posible que no acabara dentro Nicholas Cage, que bien todos sabemos que el tipo ha hecho sus méritos para eso y más.

Acabamos la visita a esta ciudad tan vibrante y colorida, con pena de marchar e inspirados por Blu nuestra casera, okupa viajera en su mocedad y profesora de arte a tiempo parcial en la actualidad, visitando de nuevo el Golden Gate (parque) esta vez de día y con festival de conciertos al aire libre, mención especial a las lagrimillas contenidas de Vanessa escuchando el folk reivindicativo de Brandi Carlisle y un paseo anticipo hasta lo que será nuestra siguiente etapa en el viaje: el océano pacífico versión California.

 

2 Kommentare zu „USA – San Francisco

  1. Me ha molao San Francisco. Tranvías, LGTBlove, y encima espacio para el orgullo patrio: Lorca y Cervantes… Visca Espanya, el amor por el terruño y la corteza de miras!

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