Para llegar a Asia desde Sudamérica la opción rápida era hacer escala en Los Ángeles o Nueva York, pero tras hojear rápidamente el pasaporte y ver aún fresquitos los sellos de Nicaragua y Cuba pensamos que sería más conveniente pasar por un país sin, digamos, tantos prejuicios democráticos. “En este viaje estoy echando de menos un invierno” decía de vez en cuando Vanessa. Tres tazas.
Toronto (tres días)
El airbnb estuvo guai, calentito y relativamente céntrico, aunque de techos bajos, coscorrón contra la viga al entrar. Juntando camisetas conseguimos ponernos ocho capas de ropa y acercarnos al fish and chips de enfrente.
El primer día la nieve en las cunetas no nos impidió una visita al centro de Toronto y las ráfagas de viento helado no nos detuvieron a la hora de visitar una exposición de obras de luz por la noche. Que llegue pronto el tranvía por favor.
El segundo día, con sol gracias, visitamos las cataratas del Niágara y coincidimos en que las de Iguazú molan más, al llegar a casa coscorrón contra la viga al ir al baño. Como consejo práctico, ya que este no deja de ser al fin y al cabo un blog de viajes, si vas a ver las cataratas no contrates el tour con una agencia, que te van a sajar, sino alquila un coche por tu cuenta y conduce simplemente hasta allá.
El tercer día nos hizo mucha ilusión quedar por la mañana con Satish “bachata-man”, al que conocimos en Nueva York y que se ha mudado aquí en el entretiempo, buena gente, y por la tarde fuimos a indigestarnos de palomitas a un partido de la NBA donde Hernangómez no jugó ni un solo segundo.
Hasta aquí Toronto. No vimos que la gente tenga las cabezas partidas en dos, ni pudimos comprobar si la educación y la seguridad social son gratis, ni vimos una pelea de boxeo del presidente. Así que dejamos la casa, coscorrón contra la viga al salir, fuimos para el aeropuerto y ¡rumbo a Asia!