USA – El Gran Cañón

 

De todos los parques, este es básicamente el único que conocía de nombre, y como escuchamos decir a uno de los visitantes que pasaba por ahí, cuando tanta gente te habla tanto y tan bien de algo, las expectativas son luego tan altas que de un modo u otro acabas decepcionado. Bien, en este caso, no ha sido así.

 

Grand Canyon  (dos noches)

A quien madruga dios le ayuda y conseguimos plaza en el camping madre del Grand Canyon sin reserva previa, lo que es un logro sólo al alcance de celebrities o de turistas fuera de temporada con mucha potra. El cañón en sí es impresionante, un bicharraco de la naturaleza, y me referiría a él sólo por las fotos si se pudiera hacer con ellas algo de justicia. Las vistas y el paisaje, el vértigo constante, lo pequeño que eres y lo grande que es, el atardecer y el amanecer, el río ahí abajo, los cóndores que pasan, el rojo.

El Gran Cañón. Punto. El resto son mínimos detalles que ocurren mientras estás de visita, como el enjambre de turistas de aspecto milenario (no presupongamos etnias por el mero hecho de vestirse en plan cosplay, lo de los ojos podría ser una pista falsa) que, de grupo compacto en grupo compacto, se hacen fuertes a empujones en los puntos de panorama y, en formación tortuga, defienden la posición a codazos hasta que todos se han hecho su selfie; como el conductor del shuttle que te ameniza el trayecto de un punto a otro del parque a grito de cowboy (digan todos Giddy up! Yiihaa), que consigue que el pasaje se marque una canción de los Village People o que simula un aterrizaje de avión, gracias a dios, sin llegar a hacer el 3D completo de un se acaba la pista nos vamos cañón abajo; como la espontánea equilibrista del riesgo eligiendo la roca más saliente del camino más escarpado para su sesion matinal de taichi mientras la señora francesa delante nuestro masculla „inconsciant“ muy indignada y repetidas veces, probablemente debido a alguna incorrección en la postura del saludo al sol; como las tres horas de senderismo, desfiladero abajo nivel fácil y luego arriba nivel a quién se le ocurre, entre ardillas, cabras montesas y un gordinflas japonés (esta vez sin duda) empeñado en demostrar a voz en grito que las ondas sonoras es la primera causa de desprendimiento de roca en cañones; o como la táctica gallina que utilizamos sin ningún complejo Vanessa y un servidor andando por uno de los tramos más cercanos al borde y que consistió básicamente en vale muy bonito y tal pero vayamos si eso mejor por donde la carretera sin arcén, que están pasando ahora mismo los coches como locos y allí se siente uno seguro.

Una pasada.